Así dice El Señor – John Bevere

Así dice El Señor – John Bevere


Prólogo
UNO de los primeros dones ministeriales restaurado por el
Espíritu Santo es el ministerio profético. Así como la verdad de los primeros dones ministeriales restaurado por el
la sanidad o el bautismo del Espíritu Santo con su relación espiritual
carismática han sido restaurados a la Iglesia, de la misma forma lo ha
sido el quíntuple ministerio de apóstol, evangelista, pastor, maestro
y profeta.
Aun así, parece que cuando algo bueno es restaurado en la Igle
sia, inevitablemente sobrevienen los excesos. Y en el proceso, la gente
a veces es lastimada; algunos lo son tan seriamente que se convierten
en amargados o caen en la incredulidad.
Por ejemplo, si una persona está desesperada por sanidad, cree
en ella, y no es sanada, con frecuencia se desilusiona y queda devas
tada. Si alguien se somete a un pastor y es abusado de alguna forma
por dicho pastor, puede abandonar la iglesia descorazonado y teme
roso de volver a creer alguna vez en algún pastor.

La restauración de los dones proféticos pareciera brindar mayor
oportunidad a los malos entendidos y el abuso. Muchos cristianos no
aceptan los dones proféticos como necesarios en la actualidad; creen
que Dios ya no habla a su pueblo a través de profetas. Si vencen esa
dificultad y creen que la profecía es para hoy día —inclusive para
ellos mismos o para sus familias— pueden aun ser presas de la desilu
sión o el engaño por parte de aquellos que les han profetizado. Tal
vez lleguen a aceptar cualquier «palabra» que viene de un «profeta»
como si fuera del mismo Señor. Otros, emocionados por las palabras
que han recibido, comienzan a seguir a aquellos con dones proféticos;
en ocasiones más que a Cristo mismo.

En mi función como editor de la revista Carisma y Vida Cristiana,
he observado la restauración del ministerio profético a la iglesia a
 A s i dice el Señor?
través del Espíritu Santo. Dios ha levantado voces proféticas en
nuestra generación. Mi familia y yo hemos sido bendecidos y animados por las profecías que hemos recibido de parte de algunos con
ministerios proféticos.
Recientemente, en mi propio estudio de la Biblia he notado historias bíblicas que parecen similares a las del ministerio profético personal que en ocasiones vemos en el presente. En Génesis 18 leemos
acerca de tres hombres que visitaron a Abraham y le dijeron que para
el mismo tiempo al año siguiente ¡Sara tendría un hijo! Sara se rió,
creyendo que ella y Abraham eran ya muy viejos, pero Isaac nació
más tarde ese año.
El ministerio de Jesús incluye su encuentro con la mujer en el
pozo de Samaria, donde Él le dice cuántas veces había estado casada,
y que el hombre con quien vivía no era su esposo. Asombrada, ella le
contesta a Jesús: «Señor, me parece que tú eres profeta» (Juan 4.19).
Aunque he sido bendecido personalmente por el ministerio profético y creo que es válido para la Iglesia, estoy alarmándome cada
vez más por los abusos que están ocurriendo. En nuestra casa editorial realizamos recientemente una investigación exhaustiva acerca
de un ministerio que «vendía» profecías a cambio de donaciones de
cierta cantidad de dinero. Cuanto más grande era la donación, más
profunda era la profecía. En otra ocasión, un respetado ministerio
televisivo levantó millones de dólares mientras uno de sus invitados
«daba palabras» a los donantes que enviaban dinero para esa maratón televisiva.
¿Qué hemos hecho?
Creo que Dios ha puesto a ciertas personas en el Cuerpo de Cristo para que hagan sonar la alarma cuando algo va mal. El ya fallecido
Jamie Buckingham, mi mentor durante largo tiempo, fue uno de esos
hombres. Cuando el Movimiento del Discipulado cayó en el error en
los setentas, él lo confrontó audazmente, proclamando la verdad a
través de sus artículos y en algunos de sus libros.
Cuánto mejor para algunos, como Jamie, quien amaba a la gente involucrada, confrontar los temas que dejarlos en manos de los
críticos que, con sus ataques destructivos, atacaban a aquellos que
creíamos en la llenura del Espíritu Santo y en sus dones espirituales.
La cacería de brujas que condujeron algunos críticos ha logrado muy
poco excepto avergonzar a la Iglesia.